una boina y un bastón

Te fuiste con tu andar lento y pausado arrastrando los pies en pasos firmes.
Te fuiste con tu boina ploma y lustrosa.
Te fuiste con tú bastón de madera que nos guiaba los pasos a todos.
Te fuiste al apuntar el alba como un vaticinio de días mejores.
Te fuiste dejándome el alma en un hilo y el corazón con un hoyo inmenso.
Me quedo recordando tu pluma y pincel, tu alma de profesor normalista, tu corazón de abuelo protector.

Me quedo añorando los tiempos mejores.
Esperando tiempos mejores.
Escuchando frente a mi impaciencia, tu clásico: Ya falta poco.
Adiós abuelo.

Pánico en viernes santo

No podía dormir. Estaba sumamente apremiada tratando de terminar el segundo capitulo del cuento que estoy escribiendo. Desesperada, trataba de apretujar a las pobres musas en mi cerebro. Hasta que lo logré. Lo termine. Sin embargo la sensación de desesperación no terminó. Me acosté.

Mi corazón iba como alma que lleva el diablo. Poco a poco mis manos empezaron a sudar. La sensación de desesperación aumentó. Ya no podía más. Pensaba que estaba perdiendo la razón, el control sobre mi mente y mi cuerpo.
Me levante a tomar un vaso con agua caliente. Pensaba que era el frío que se había apoderado de mí. Craso error.

No me calmé. Al contrario, mis manos tiritaban fuertemente, parecían tener vida propia. La sensación de descontrol aumento aún más. Salí de la pieza, lo único que quería era ayuda salir corriendo de allí. Lo más pronto posible.
Le golpee la puerta a Bárbara. Me vio la cara y se asustó. Ahora, yo sudaba frío y no podía controlar las tercianas.
"Ayúdame, sácame de aquí por favor", le dije con cara de pánico.
Salimos del departamento, sin saber que hacer.
Caminamos hasta la primera farmacia. Estaba cerrada. Seguimos caminado con rumbo a hasta Pedro de Valdivia. Nada.
"Tomemos un taxi, necesito ir al hospital," le dije.
Nos subimos al vehiculo."Llévenos hasta "El hospital del Salvador por favor" dije con un hilo de voz.

Cuando llegábamos el lugar estaba lleno y apestaba. Sin embargo, la gente era muy amable entre sí. En eso llegó Daniela con Cristian, a quienes llamamos desde el taxi y no quisimos despertar en la casa.
¿Qué pasó, Evelyn?
"No sé" dije.
Pasaron diez minutos cuando me llamaron, ya me sentía mejor. Me tomaron el pulso y la presión todo normal. La enfermera con cara de juez me pregunto: "Consumió alguna droga"
"Nada" le dije.
"Solo soy celiaca" agregue (como si importase).
Esta todo normal me dijo, no tengo que ingresarla de urgencia pero si quiere esperar. "OK, voy a esperar" le dije asustada. La enfermera terminó la revisión preguntándome ¿Es la primera crisis de pánico que le da?
¿Qué? Fue lo único que dije al salir.

Afueras mis compañeras de departamento me preguntaron como me fue. "Crisis de pánico" le dije. Tengo que esperar. Para que me vea un doctor. Espere dos horas. La vista era surrealista gente durmiendo en el suelo por que no tenía donde pasar la noche, ebrios, pacientes y familiares eran el arca de Noé de la posta de urgencia. Todos viendo Chilevisión en donde José, peleaba con sus hermanos por haberlo vendido como esclavo. Típica programación de la festividad. Pasó un rato y me volvieron a llamar "Evelyn Careres", vociferó una enfermera. Cáceres le dije, Cáceres.
Entre a una escena dantesca. Un hombre desnudo estaba con delirio tremen. Con la cara deformada gritaba "Paula…Paulita."
Me sentaron en la camilla y el doctor al ver mi rostro descolocado tapo con una cortina la camilla del ebrio.
"Hola" me dijo. "Te dio una crisis de pánico" me preguntó.
"Parece" le dije.
Me reviso amablemente y me dijo que era de María Helena. Así que de Antofagasta, al verme mi chaqueta de la norte (la uso para dormir, me fui con el buzo con que duermo.)
Me dio unos remedios y me mando a hacerme unos exámenes.
Cuando nos devolvimos en el taxi. Qué por cierto se vino a 10 por hora. Vimos a Gonzalo Valenzuela. Miren grite y quedo el griterío dentro del taxi. La normalidad había vuelto.

Los títeres el contraataque

El baúl de los tiempos. El otro día leía sobre la adaptación al cine de la telenovela los títeres, del gran dramaturgo chileno Sergio Vodanovic. La esta impulsando Cristian Campos quien participo en la versión del canal del angelito.
Otra cosa, que me hizo retomar el tema fue una conversación en diferentes lapsos de tiempo con distintos amigos sobre las telenovelas. Ellos llegaban a la conclusión que la mejor telenovela que habían visto era Fuera de Control.
! Quedé Plop!
Ósea la Sarita Mellafe es un personaje tétrico y no quiero en ningún momento menospreciar la calidad actoral de nuestra ministra de Cultura. Pero doña
Gloria Münchmeyer, como Adriana Godán es de temer. Más aún cuando en el país cualquier asomo de crítica social era apaciguado.
Más quede out, cuando pregunte si sabían que la novela en cuestión fue escrita por Sergio Vodanovic. ¿Quién es?
No se que me molestó más, que la ignorancia viniera de estudiantes de diseño teatral, o que no supieran de los títeres ni de su autor.
En el fondo lo que pasó es que me sentí vieja y desactualizada.
Espero no terminar como Adriana peinando la muñeca.

Los titeres

Refrenta

Cómo quererte si no te veo, si no te escucho, si no te siento. Cómo amarte si estas tan cerca pero tan lejos, si no soy nada, si no soy nadie. Miro el ocaso del día, y me pregunto cuando será mi fin, o mejor dicho anhelo con aún más fuerzas mi redención.
Tu maldito fantasma que me atormentas, respirándome metafóricamente al oído. Pero es mentira, por qué no existes, no te veo, no te siento, no te escucho.
Sin embargo, siento tu risa burlesca y veo tus mil caras, tus brillantes ojos de muchas formas, de muchos colores. Veo como me coqueteas sin poderme inmutar para después reírte de mí, a destajo.
Eres un ser maldito.
Tentándome eternamente.
Te odio, Eros, Afrodita,
Vanadis o cómo sea que te llames.
No obstante, todavía espero por ti.

Otra vez lo mismo

De tomo y lomo buscamos la redención y la felicidad. Sin embargo somos completamente ciegos cuando esta rondándonos, vivimos de insatisfacciones e inconformidades. Lo mismo pasa cuando vemos la belleza, esa de todos los días, la cotidiana, la bolsa maldita de Belleza Americana.

Odio el desierto cuando estoy en él. Me parece aburrido, pasinarmónico, ósea profundamente monótono. No obstante cuando no estoy en él. Extraño sus matices de colores, el sonido del viento y su perpetuidad.

Lo mismo me esta pasando con esta cuidad de mierda. Odio el smog, el tráfico y el eterno apuro. Sin embargo, me volví adicta a él. Volviéndose una situación contradictoriamente adrenalinica. Me gustan las calles mojadas de Santiago, las hojas de otoño y el frió de invierno. Qué puedo decir, me absorbió el sistema, tal vez. O solo me adapte, tal cucaracha a la alcantarilla.

El cuento:

Quería aprovechar el calor y el supuesto tiempo muerto veraniego para escribir historias. Relatos inventados y basados en la realidad para alimentar mis ansias aventureras, quería mitigar así, mi bucólica vida en donde lo único excitante son las veces que subo el ascensor cuando voy donde la Carola.
Pero no resulto, se me secaron las ideas aletargándoseme el cerebro.
A veces pienso en que conozco unos grandes personajes, gente mayor, megalómanos en su mayoría que tratan de recordar grandes cosas, las cuales al final están lindamente acicaladas por el paso del tiempo y la memoria frágil.
Otras recuerdo otros tiempos, en donde mis propias aventuras están restauradas cual Da Vinci para no ser tan fomes.
Allí mi propio ego me ataca.
"Evelyn cuentas cosas interesantes", me dicen.
Lo único que se logra con eso es crear un ser egocéntrico al peo, que cree tanto en su intelecto pero se menosprecia en otras áreas. Al final el cuento esta allí, no nato, y se convirtió como muchas cosas en puro cue