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Recuerdo la primera vez que te vi, el semblante de tus manos, tu pelo moldeándose a tu figura y brillando con el rayo de sol que se colaba por la ventana. Recuerdo la mirada seria que tenias, de concentración absoluta en lo que hacías. Sin embargo parecías estar en otro lugar en otro tiempo…

El Fantasma de las Navidades

La rabia me inunda, me ensordece. Quiero que el zángano fantasma de las navidades pasadas se vaya, dejándome libre. Quiero que los buenos recuerdos, nublen la traición, y que no quede una amistad desencantada. La rabia se transformó en tristeza, la cual no se ira con el calor primaveral.
No se irá.
No se irá.
Sólo mutará, durmiendo hasta que el tiempo la deje olvidada.

Sin remitente

Quiero hablar de ti y de mí, y como te anhelo, sin atisbo de esperanza.
Quiero hablar de él y de mí, y como después de esa despedida fría fugaz quede añorando en el lumbral de la puerta.

Quiero hablar de tus ojos, profundamente tristes, y como palidecen mirando el infinito esperando eternamente, algo qué ni tú sabes. Y éstos cómo a veces, pocas veces, cruzan mi mirada brillando sólo un instante, con infinita ternura.
Quiero hablar de cómo no recuerdo sus ojos, ni mucho menos su expresión, pero si su olor, sabor y la textura gruesa de sus manos.

Quiero hablar del amor, de lo qué entiendo. Como llegó la primera vez, la segunda y la tercera. De esos ojos aceitunados que pese al paso del tiempo, y el cambio de los sentimientos todavía me enternecen. De los engañosos ojos color océano, los cuales no me dejaron mirar más allá. De los ojos extremadamente coquetones que me terminaron descontrolando, obligándome a visitar al loquero, y por último de los tuyos, los cuales probablemente nunca me miraran con amor.

Quiero hablar de cómo él, pese a que no recuerdo sus ojos, logró a que me arriesgara, que abriera la puerta y sonriera. De cómo pese a quedarme con las manos vacías, y el corazón convertido en piedra, no le guardo rencor.

Quiero hablar, hablar, hablar… y entender por qué me convertí en la falla de San Andrés, en el eterno Terremoto del Norte grado 9. El cual nunca hará catarsis, siempre en vilo, esperando por ti.

Dos de Dos

Últimamente me ha obsesionado la dualidad. El hecho de qué seamos otra persona a la vez, me aterró. Pensé tontamente que perdería mi esencia, qué en este último caso, dejaría de ser yo, yo y mi consecuencia inconsecuente. Pero no es así, mutamos según el estado de ánimo o la compañía.

Hasta el caso de sorprenderte a ti mismo. Hay una Evelyn, tierna, niña temerosa e incapaz de tomar dediciones impulsivamente, en cambio hay otra qué enfrenta el mundo levantándole la ceja y frunciendo el seño con una frialdad nórdica. No sé quien ganará, o si tiene que ganar una de las dos.

Soneto...

Escrito hace casi un año...

Desearía poder rozar tus labios suavemente, y luego morir,
Qué me miraras dándome un atisbo de esperanza, y luego morir.

Poder tocar tus manos con las llamas de mis dedos,
Sentir una leve sonrisa y que fuera para mí, y luego morir.
Pero como es mentira, y es sólo un anhelo,
sólo debo esperar en vano infinitamente, y luego morir.

"Favella.... La mano ajena"


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Soneto de amor

De los hermosos el retoño ansiamos
Para que su rosal no muera nunca,
pues cuando el tiempo su esplendor marchite
guardará su memoria su heredero.
Pero tú, que tus propios ojos amas,
para nutrir la luz, tu esencia quemas
y hambre produces en donde hay hartura,
demasiado cruel y hostil contigo.

Tú que eres hoy del mundo fresco adorno,
pregón de la radiante primavera,
sepultas tu poder en el capullo,
dulce egoísta que malgasta ahorrando.

Del mundo ten piedad: que tú y la tumba,
ávidos, lo que es suyo no devoren.

Shakespeare